La madurez en el Yoga
El cuerpo cambia con el paso de los años, pero muchas propuestas de ejercicio siguen basándose en un modelo joven, fuerte y exigente. Este enfoque ignora una realidad evidente: no necesitamos movernos igual en todas las etapas de la vida.
A medida que envejecemos, el movimiento deja de tener como objetivo principal el rendimiento o la mejora física rápida. Gana importancia la estabilidad, la coordinación, la conciencia corporal y la prevención de lesiones. Aquí es donde prácticas como el yoga, el pilates y el tai chi adquieren un valor especial.
El movimiento consciente permite escuchar al cuerpo sin forzarlo, respetando límites reales y adaptándose a las capacidades de cada momento vital. No se trata de hacer menos, sino de hacer de otra manera. La lentitud, la precisión y la atención plena se convierten en aliados.
En la madurez, mantener el equilibrio, la movilidad articular y la conexión cuerpo-mente es más relevante que alcanzar posturas complejas. El tai chi, por ejemplo, mejora la coordinación y la estabilidad; el pilates refuerza el control del movimiento; y el yoga favorece la flexibilidad suave y la respiración consciente.
Moverse de forma adecuada a la edad no significa resignarse, sino cuidar el cuerpo para sostener la vida diaria con mayor autonomía y bienestar. La práctica consciente acompaña el paso del tiempo en lugar de luchar contra él.


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