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El silencio corporal: cuando no hacer también es una práctica

Silencio Corporal

En una sociedad orientada a la acción constante, incluso el bienestar se ha convertido en algo que hay que hacer. Practicar, mejorar, avanzar, corregir. Sin embargo, existe una dimensión del cuidado corporal que suele quedar olvidada: el silencio y la quietud consciente.

No hacer no significa abandono ni pasividad. Significa escuchar sin intervenir, permitir que el cuerpo se exprese sin dirigirlo. En ese espacio de quietud aparecen sensaciones que normalmente quedan tapadas por el movimiento continuo o por la necesidad de “hacer algo”.

El silencio corporal es una práctica en sí misma. Tumbarse, sentarse o permanecer de pie sin intención de cambiar nada puede revelar tensiones ocultas, respiraciones forzadas o estados emocionales que necesitan ser atendidos antes de cualquier ejercicio.

En yoga, pilates o tai chi, la pausa entre movimientos es tan importante como el movimiento mismo. Es en ese intervalo donde el sistema nervioso integra la experiencia y donde el cuerpo puede reorganizarse de forma natural.

Aprender a no hacer también implica renunciar al control, algo que no siempre resulta cómodo. La quietud confronta, pero también ofrece una vía profunda de regulación y descanso real.

En un mundo que empuja a la acción constante, el silencio corporal se convierte en un acto consciente de cuidado. A veces, la práctica más transformadora no consiste en moverse más, sino en permitirse estar.

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